Mejoramiento Urbano y Producción Social del Hábitat

El desarrollo de las ciudades capitalistas en América Latina ha llevado a que más de la mitad de la población viva en ciudades. Una de las consecuencias de este desarrollo, es la generación de tugurios en las márgenes con altos niveles de pobreza y una profunda desigualdad en comparación con el centro urbano. Se trata de espacios forjados por las familias, sin criterios de ordenamiento territorial, que responden a la lógica de las necesidades o a los esfuerzos colectivos o individuales de realización de los derechos básicos de trabajo, agua potable, salud, educación y vivienda, etc.

Es evidente, que las ciudades no han sido capaces de ofrecer condiciones y oportunidades equitativas a sus habitantes. La población urbana, en su mayoría, está privada o limitada -en virtud de sus características económicas, sociales, culturales, étnicas, de género y edad- para satisfacer sus más elementales necesidades y derechos. (Ortiz, Martínez, & Zarate, 2008).

Esta ciudad capitalista es resultado, además, de la trama de relación de grupos de intereses, con al menos tres lógicas, que generalmente están en conflictos: a) la de la ganancia que vislumbra la ciudad como objeto y soporte de negocios y b) la lógica de la necesidad, impulsada por aquellos grupos y sectores sociales que no logran procurar sus condiciones de reproducción social en el ámbito de la dinámica mercantil, y c) la lógica de lo público, donde el Estado actúa como regulador o facilitador de las rutas del mercado (Herzer citado por Rodríguez & Di Virginlio, 2007)

En la República Dominicana, la apuesta del gobierno de estimular los sectores inmobiliarios y financieros para la reducción del déficit habitacional, ha ahondado la persistente brecha entre las posibilidades y alcances de la producción capitalista y la demanda social históricamente generada de vivienda y hábitat en los sectores de menores ingresos. Ahora bien, ante esta desocupación de las obligaciones estatales hacia la población vulnerable, la población no se queda de brazos cruzados. Son evidentes los encomiables aportes de los procesos de poblamiento popular a la construcción de ciudad y de ciudadanía, los cuales han propiciado modalidades alternativas entre las que están el Mejoramiento Urbano con Participación Popular y La Producción Social del Hábitat.

Se trata de acciones tan nobles como la construcción de forma cooperativa de la vivienda, hasta acciones colectivas barriales de luchas y resistencia, frente a políticas de barridos urbanos compulsivos e inconsultos. Las políticas de desalojos de los años 80, llevaron a los pobladores organizados a articular protestas y propuestas creíbles y viables de soluciones que partieron de las expectativas, intereses y necesidades de los pobladores barriales, que permitieron alternativas locales para confrontar la embestida[1].

De ahí la novedad: un modelo de mejoramiento urbano con participación popular. Se trata pues, según Edmundo Morel, de un modo de intervención que propicia en todas sus fases y procesos, la participación consciente, deliberada y voluntaria de las personas que, a través de largos años, han ido configurando, con esfuerzos propios, un espacio para vivir, y que consideren muy en serio las condiciones, posibilidades y límites de nuestra sociedad en el enfrentamiento de dicha problemática (Morel, 1991).

El mejoramiento urbano no es hacer de los asentamientos humanos empobrecidos una versión mejorada de lo existente, como una especie de extensión de la ciudad sin más. Sus propósitos más amplios apuntan en la dirección, afirma Morel (1991), de ir conformando espacios de participación democráticos a nivel local que puedan servir de antesala para el logro de cambios significativos en el orden de la estructura social.

La visión de Producción Social del Hábitat profundiza este aspecto meramente político, al que llama “autogestión del hábitat”. Lo cual comprende la problematización de prácticas colectivas orientadas hacia el intento de generar procesos culturales, políticos, económicos y sociales de transformación e las relaciones de poder. Con ello, implica, incluso -en su relación con el Estado- impulsar procesos de desburocratización de determinadas estructuras estatales, al transferir capacidades a los sujetos ejecutores-as y, en particular, al apuntar a su participación en definiciones de políticas que impacten a toda la sociedad y que flexibilicen el dominio de las burocracias (Rodríguez & DI Virgilio, 2007).

De igual forma, el término autogestión implica la lucha por el espacio urbano, en un territorio en pugna entre distintos sectores y clases sociales que -como polos de una dinámicas complejas- se lo apropian o son tendencialmente expulsados.

Como se puede ver, tanto la Producción Social del Hábitat (PSH), como el Mejoramiento Urbano con participación Popular, implican organizaciones fuertes, con alto nivel de consciencia del entramado urbano, que se involucra en la transformación colectiva del hábitat. Ortiz (2002) afina la definición planteando que la PSH se trata de un sistema, que además de lo expuesto, actúa sin fines de lucro, por iniciativa y bajo el control de una empresa social promotora, que puede ser una organización de base de pobladores-as (cooperativas, asociaciones, mutual, sindicato etc.) o una organización profesional no gubernamental, que produce viviendas y conjuntos habitacionales, que adjudica a demandantes, generalmente de bajos ingresos, pero con alguna capacidad de ahorro, que participan activamente desde las primeras fases del proceso habitacional (Ortíz, Enrique , 2011).

Así, la producción Social del Hábitat parte del reconocimiento de los esfuerzos de los-as pobladores-as por construir la ciudad, hacer su espacio y transformar el hábitat. Allí los-as moradores-as son sujetos, no clientes. Prima el carácter de necesidad o de derecho, sobre el su carácter mercantil. Asume la lógica del bien potencialmente abundante (dado las redes de solidaridad), ante la lógica economicista y negativa de la escasez. La vivienda es pues un acto de habitar, que genera sociedad y arraigo y no un objeto de trasiego y enriquecimiento.

Los barrios son la vida de la ciudad. Ellos le alivian de su monotonía, le extirpan lo gris, le inoculan la creatividad y les transfieren lucidez y dinamismo. Reconocer sus pobladores-as como sujetos conscientes y activos-as, dará como resultado que florezca lo nuevo en el diseño, en la ejecución, en la distribución y el uso. Lo contrario es negar la ciudad y su vida social.

Trabajos citados

Herzer citado por Rodríguez, M. C., & Di Virginlio, M. (2007). Políticas de Hábitat, Desigualdad y Segregación Socio-Espacila en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Buenos Aires: Facultad de Estudios de Ciencias de la Universidad de Buenos Airtes.

Morel, E. (1991). Mejoramiento Urbano: concepto, ventajas y dificultades. Ciudad Alterntiva: serie folleto no. 2 , 7-31.

Ortiz, E., Martínez, N., & Zarate, M. (2008). Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad. México: Coalición Internacional para el Hábitat.

Ortíz, Enrique . (2011). Producción Social de la Vivienda y el Hábitat. Bases conceptuales y su correlación con los procesos habitacionales . México : HIC-AL .

Rodríguez, M. C., & DI Virgilio, M. (2007). Políticas de Hábitat, Desigualdad y Segregación Socio-Espacial en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Buenos Aires: Facultad de Estudios Sociales de la Ciudad de Buenos Aires.

[1] En este contexto nace Ciudad Alternativa, como un espacio de articulación de las demandas reivindicativas de pobladores barriales organizados, de cara a propiciar propuestas alternativas creíbles.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s