No hay Navidad sin pesebre

Hoy es un día especial, no solo porque estaremos celebrando juntos con nuestras familias, sino porque se conmemora la presencia de alguien especial. Que el lirismo tradicional, reforzado por la propaganda comercial, no nos conduzca a dejar de lado el verdadero motivo de la navidad.
Es un día para pensar que el motivo no es una cosa, ni un acontecimiento, es una Persona y personas traen circunstancias. Pensar en Jesús, es pensar en Palestina, lugar donde la desvergüenza humana está expresando toda su infamia, en una ininterrumpida e incesante manifestación de ambición y odio. Pensar en Jesús es recordar un niño, símbolo de contradicción, que nació descentralizado, fuera, en la periferia, en la cañada, en el barrio, al lado del río, pues no tenía dinero para pagar el HOMS HOSPITAL, ni estaba asegurado por una ARS. Nació en una cueva, pues como tanto de esta sociedad, tampoco fue favorecido por una vivienda en la Barquita.
Por más lindo que lo decoremos, un pesebre no es una cuna, es un recipiente donde comen los animales. No es señal de abundancia, sino símbolo de ausencia. De que allí, en su nacimiento, faltó una camita decente. El motivo de esta fiesta brota en una sociedad injusta, estructurada para garantizar ventajas a los-as instalados-as, así sea a costa de que sigan naciendo niños-as sin cama, sin casa, sin tierra y sin lugar social.
Estamos conminados a liberar los sentidos, a dejar por un momento, o tal vez de una vez por toda, la obnubilación del escaparate, e ir más allá. Veamos el cómo la maldad se confabula para vender un barrio y dejar, nuevamente, sin techo, sin tierra, ni lugar social a los pobres de esta tierra. Escuchemos, ante el estruendo del machismo, el grito de justicia que claman mujeres violentadas por el patriarcado predominante. Olfateemos el putrefacto aroma de corrupción instituido en la trama pública-privada, expresada en un presupuesto que le dejará a la sociedad más de lo mismo. Experimentemos el trago amargo de cada familia, prohibida de completar cada día el estipendio familiar. Palpemos las calamidades y sufrimientos de familias que han quedado a la intemperie, por el descuido histórico de autoridades desentendidas de poblaciones enteras que viven en condición de riesgo y autoridades que no son capaces de organizar una nueva relación con la naturaleza.
Es ahí, en esos lugares malditos donde quiso nacer y asumir en carne propia la indefensión producida por la trama histórica de injusticia. Nació distinto a lo esperado, como cualquier homosexual. Negro-a, palestino-a, migrante, trabajador-a, campesino-a, pescador-a, sin lugar donde recostar la cabeza. Es la piedra desechada. Ya no hay que preguntar dónde está Dios, si no lo vemos es porque no queremos.
Perdón si con estas palabras coloco hierbas amargas en la cena sabrosa de la solidaridad. ¿Pero, qué es la solidaridad si no soy capaz de mirar hacia aquellos que no tienen lo que hoy estoy en capacidad de disfrutar? Miremos hacia los barrios, miremos al-la excluido-a, miremos profundo. Miremos hacia tantos-as desprotegidos-as. Como dice Leonardo Boff, “ellos-as están grávidos de Jesucristo. Él suplica nacer de nuevo mediante nuestra solidaridad, compasión y fraternidad”.

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