El jueves no es un día cualquiera … por Anthony Brice

La comunidad de los Barrancones está ubicada en la prolongación de la avenida Venezuela, en el municipio Santo Domingo Este, de la Provincia de Santo Domingo. Allí un jueves en la mañana no es un día cualquiera. Ningún transeúnte foráneo podrá inadvertir a los-as moradores-as del barrio con latas en las cabezas y galones en las manos en un esfuerzo infrahumano para abastecerse de agua potable.

En términos físicos, el territorio es una pendiente pedregosa, lo cual hace aún más molesto el trasiego del líquido apreciado para abastecer las necesidades de los hogares. Los-as que viven en los adentros de la comunidad y más cerca del río, en el mejor de los casos, tienen que subir para poder conectar una manguera al sistema de agua potable que suministra la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD). Sin embargo la mayoría de la gente, el suministro del agua le implica subir y bajar unos extensos escalones con utensilios cargados que se hacen aún más pesados con cada paso.

La diligencia debe ser temprano, dado que cualquier titubeo conllevaría a esperar el otro día de la semana que vuelve la CAASD  a dispensar el agua –aunque no tan seguro como el jueves-, que es el sábado. De lo contrario, tendrá que ingeniársela mendigando solidaridades o esperar el próximo jueves en que con las mismas limitaciones tendrá repetir la faena.

Una media mañana de agua no es suficiente para abastecer toda la comunidad, en las condiciones actuales. “Hoy es día del agua, hay que llenar”, es una expresión común en el barrio de Los Barrancones. No es para sorprenderse que cada jueves se arme un tumulto en la comunidad donde se mezclan niños, jóvenes, adultos, hombres y mayormente las mujeres. Ellas son las que, por las consecuencias que caracterizan el jueves, suelen organizar las logísticas del viacrucis.

Según nuestra Constitución (artículo 61), el Estado debe garantizar el acceso al agua potable de toda la población. Se trata de un derecho universal, dado que el 28 de julio de 2010, a través de laResolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. La Resolución exhorta a “los Estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los países en vías de desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos”.

Al parecer, nuestras autoridades, en el mejor de los casos, “desconocen” el artículo citado de la Constitución y la resolución 64/292 y sus exhortaciones. La situación de Los Barrancones evidencian el “desconocimiento” o tal vez el descuido de las autoridades. Pero no es solo eso, el problema del agua potable es parte de una lista larga de dificultades que ponen en riesgo a los habitantes de estos territorios. Pudiéramos seguir citando, la lista es larga y tal vez generar debates nacionales sobre el derecho al agua y de tantos servicios sin recibir, pero lo cierto es que el jueves no es un día cualquiera en Los Barrancones…

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