Siempre amanece

Ilustración de Domingo Guzmán

Hay días que amanecen llenos de esperanzas, como si hubieras dormido con el mar, tal si hubieras soñado con el sol.

Saltas de la cama llena de esperanzas, confiada en la bondad de la lucha, segura de que algún día seremos humanidad, sabiendo que poco a poco los cambios harán mutar el dolor de la pobreza en la alegría de la dignidad y la igualdad.

Pero hay otros, esos otros, en donde miras a los ojos a un pequeño limpiabotas, contando centavos para comprar a las tres de la tarde un café con leche, y quisieras derrumbar tus sentidos y enmudecer tu cerebro y desterrar el pensamiento.

Son días en donde eres capaz de ver en un segundo el significado del hambre, del apartheid educativo, de la exclusión de la ciudad, de la ineficiencia de la seguridad social, del abuso del trabajo doméstico. En un segundo, en un rostro, en unas manos, logras ver el tamaño de la injusticia y sientas como se quiebran uno a uno tus glóbulos rojos y se te solidifican las plaquetas.

Como quiera me levanto, bajo lenta de la cama, llena de esperanzas, confiada en la lucha, segura de que cambiará. Pero un tanto desesperada y con ganas de abrir la puerta y encontrar muchas manos que se apuren a construir los cambios.

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