El matrimonio homosexual y ¿la ruptura de las familias?

Demos de una vez por todas la bienvenida a la decencia de permitir la felicidad ajena

Cada vez que leo algún artículo o reseña en desmedro del matrimonio entre personas del mismo sexo o del derecho a la adopción de este tipo de parejas, aduciendo la “destrucción de la familia”, imagino que quien esgrime semejante argumento se encuentra viviendo en una caverna, ubicada en lo más alto del Pico Duarte.

Y digo eso porque en primer lugar, hasta estadísticamente hablando, no hay un concepto homogéneo de familia. Así que habría que ver de que conjunto estarán hablando al referirse a “la familia”. En segundo lugar porque resulta curioso adjudicar la destrucción de una “institución” tan dinámica, a la decisión individual de una pareja que simplemente ha optado por compartir su vida. Son muchas las razones que muestran cotidianamente la infuncionalidad de ese tipo ideal de familia que figura en el imaginario de muchos-as.
La propia que escribe este texto es, si se quiere, testigo (viviente) de al menos 6 familias “destruidas” a causa de un padre “demasiado heterosexual”, por llamarlo de alguna manera. De repente adjudicar la destrucción de esas 6 “familias” (algunas simultáneas) sería casi catalogar de “héroes” a eso-as que prefieren matrimonio entre personas del mismo sexo.
Actualmente somos testigos de la gran cantidad de feminicidios, que destruyen familias, vidas, hogares, afectos, tranquilidad, entre otras cosas, a causa de personas heterosexuales. Si lo que destruirán las personas homosexuales son esas uniones diabólicas que permiten asesinatos de mujeres adultas, entonces reitero que son héroes y heroínas.
En RD existen alrededor de 900 mil familias variopintas, albergando “ninis” (ni estudian ni trabajan), niños/as que trabajan, con madres solteras trabajando a retazos en la calle y en la casa o con padres “echa días” que salen y entran a deshoras, acorde con lo que les dicta el día. Son familias destruidas por la pobreza rampante que les agobia desde hace décadas y reposa sin elección sus costillas, que mueren de enfermedades de la pobreza, que apenas estudian, que se bañan cotidianamente en charcos no potables. Olvidadas de todas las políticas públicas, frutos de la opresión que se ha legitimado con el paso del tiempo ¿Y es esto lo que van a destruir los homosexuales?, pues bienvenida sea esa destrucción.
Estoy consciente de que mi escrito es extremista y hasta absurdo. Tan absurdo como la afirmación, hecha recientemente por el Padre Luis Rosario, que pone la responsabilidad de la destrucción de la familia en el reconocimiento de la unión entre homosexuales.
Estoy esperando el epílogo de su declaración en el que culpa a la unión entre homosexuales de los abusos infantiles hehcos por parte de sus homólogos o de otros no curas iguales de pervertidos. Además espero esa otra declaración en la que les endilga la destrucción de las familias compuestas por mujeres que han sido embarazadas por curas posteriormente trasladados a otros países para esconder la vergüenza bajo el hábito.
Está bueno da tanta falsa moral y de buscar la destrucción donde hay luz y no donde realmente está. Vivamos y dejemos vivir. Demos de una vez por todas la bienvenida a la decencia de permitir la felicidad ajena.
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