Las Raíces de la Pobreza

Las raíces de la pobreza en República Dominicana

Artículo escrito en base a la recopilación de la serie de Minerva Isa y Eladio Contreras realizada para el periódico Hoy en el año 2002.  En este link pueden encontrar la serie completa Las Raíces de la Pobreza

 

Las raíces  de la pobreza en República Dominicana vienen marcadas por dos círculos que tienen origen en la propia época de la independencia.

Uno, el círculo externo caracterizado por la dependencia de Europa y Estados Unidos y otro, el interno, caracterizado por un Sistema Social que inició con rezagos.

De acuerdo con la investigación de Minerva Isa y Eladio Pichardo en el 2002, nuestro Estado nace en bancarrota. Ya desde 1844 tenemos alrededor 5,000 en papel moneda distribuidos entre deudas, sueldos y la herencia de los gastos de la lucha por la independencia.

La ineficiencia y corrupción administrativa plagaron la primera república, agudizando la dependencia de préstamos internos y sobre todo externos que no fueron utilizados en inversiones productivas que aportaran a toda la población.

Seducidos por las ofrendas de inversionistas extranjeros, pasamos de ser una nación mayormente “conuquera” a establecer plantaciones comerciales –madres ingratas del latifundio que marcó además el inicio de la degradación de los bosques e inició un proceso extendido hasta nuestros días de expropiación de tierras y explotación campesina. Comienzan pues visos de corrupción desde el abuso de poder que expulsan a los campesinos de sus tierras y hacen nacer a la población asalariada. Así, alrededor del año 1875, pasamos a ser una economía monetaria.

Con ese modelo de plantaciones, agroexportador, comienzan también las exoneraciones de impuestos para favorecer la inversión extranjera que agravan los dos círculos mencionados, ya que se fortalece la dependencia hacia Europa y EEUU, el mal uso de los recursos y el afán de complacer a la clase que invierte, mientras que se mantienen rezagados los indicadores sociales.

Volviendo un poco atrás, en 1869, el gobierno de Buenaventura Báez se enfrasca en emisiones monetarias excesivas y se realiza un préstamo de 420,000 libras a un banco de Londres con las siguientes características : 100,000 libras debían ir a comisiones y se entregaría las recaudaciones de los puertos de Santo Domingo y Puerto Plata. Préstamo que se convirtió en un círculo vicioso pues atamos las posibilidades de poder cumplir con los compromisos de la deuda.

La mala inversión de los montos obtenidos en el préstamo y el secuestro de las fuentes de ingresos de los puertos, agravan la situación social de la población. Se tiene una fuerte recesión en 1884 fruto de la baja de los precios del tabaco y el azúcar en el exterior que hace que quiebren haciendas y se origina el fenómeno del desempleo, fenómeno extraño para un pueblo que vivía del conuco.

La secuela de la crisis amenaza con afectar la reelección de Lilis ya que no había dinero para dádivas a políticos y militares que fomentaran los votos a favor del gobernante y es así como en el año 1888 se negocia un préstamo de 770 mil libras que aseguró la reelección. De ahí que tenemos una fuerte estructura cimentada desde el siglo XIX que da asidero al clientelismo político que prolifera sin esperanza de erradicarse, hasta nuestros días. La dilapidación de los préstamos en gastos irracionales y compra de votos, recrudece una nueva crisis en 1889 en donde la gente manifiesta sufrir de “arranquitis”.

Para esta misma época, de 5,670 habitantes que existían en el país, sólo 2,575 sabían leer y escribir.

Así asciende el monto de una deuda de 2,000 millones en 1885 a 34, 083,706 en 1899 (la deuda creció 17 veces su monto), fecha en la que cae el tirano quedando Dominicana prácticamente empeñada y las aduanas hipotecadas. Así el círculo vicioso de endeudamiento, malversación de fondos, déficit fiscal, nuevos préstamos para cubrir las malas cuentas del estado, nueva vez dispendio y así continuando con ese mismo comportamiento hasta nuestros días.

Todo ese proceso se dio dejando de lado la inversión en acciones productivas que se enraizaran en la población y rezagando cada vez más el bienestar de la gente. Esto sólo contribuía a enriquecer a los inversionistas extranjeros, a los políticos que propiciaban el ambiente “especial” para la inversión y la élite criolla que apoyaba a los políticos y que aprovechó las expropiaciones para formar su capital.

El camino del desarrollo económico de dominicana pasó por épocas de grandes brillos que pretendían cumplir la promesa de luchar en contra de una pobreza cada vez más creciente. Pero lo que se conseguía era hacer cada vez más grande y extrema la pobreza urbana y más desolada la rural.

El auge del azúcar trajo un nuevo ultraje. Esta vez la corrupción se vestía de : abuso de poder para expropiar las tierras, contratos abusivos para trabajadores-as de los ingenios, importación de “trabajadores-esclavos”. Con la caída del precio del azúcar en el exterior, nueva vez sufre Dominicana un traspiés, fruto del primer círculo y se profundiza la pobreza al interior de los bateyes.

La corrupción también se vistió de leyes abusivas que impulsaban la expropiación. Una población iletrada que no tenía idea de cómo desarrollar un proceso legal para registrar títulos de propiedad, fue despojada de sus tierras fértiles, lo que les empujó a la marginalidad y la pobreza.

La bonanza que prometía la postguerra tampoco contuvo la pobreza. Pese a que a partir del 1942 se presentaba un panorama optimista por la elevación de los precios de los principales productos de exportación. Pero este optimismo sólo enriqueció el emporio del tirano. El crecimiento de 6.5% del PIB, no sirvió para contener el aumento de la pobreza y la migración hacia las zonas más industrializadas. La corrupción del tirano aceleró el proceso de urbanización de la pobreza. Así también continuaba un elevado 34.2% de analfabetismo.

Balaguer trajo consigo el mandato de la reforma agraria que continuó el modelo de corrupción que apoyaba la expropiación de campesinos. Además, con la firma del convenio con Haití, se institucionaliza la migración de mano de obra haitiana que continúa hasta nuestros días, propiciando una forma de corrupción que se traduce en pago inadecuado a los braceros y trabajadores de la industria de la construcción, propiciando el tráfico continuo de los más pobres entre los pobres de Haití. Podemos hablar de una corrupción “binacional” que afecta a las poblaciones más pobres de los dos países.

El proceso de endeudamiento continúa, pasamos la llamada “década perdida” en América Latina y la crisis se sigue agudizando. El alto endeudamiento desarrollado por Antonio Guzmán en supuestos “préstamos para el desarrollo”, que continuaron en el gobierno de Jorge Blanco. Estos préstamos se utilizaron para actividades lejanas al desarrollo : cubrir déficit fiscal, alzas salariales, clientelismo y dispendio. La dilapidación extraordinaria de fondos, originó una intervención del FMI que vino con un paquete de ajustes a la economía que provocó un alza en el índice de precios al consumidor de 136.52 en 1980 a 289.18 en 1985.

La estabilidad macroeconómica lograda a base del hambre, se vio nueva vez afectaba por la amplia política de expansión de gasto público de Balaguer, que era invertido en obras no prioritarias y que continuaba expulsando a los ya expulsados del campo, para la construcción de obras de ornato en los lugares que según él, los pobres afeaban. Aquí la corrupción adoptó forma, entre otras, de ocupación de multifamiliares que eran construidos para los desalojados, pero que caían en manos de políticos del partido reformista.

El proceso de crisis económica estalló nueva vez en el año 90 que acrecentó aún más el proceso de movilidad territorial y sumó más pobres a los surgidos en los 80. Para esta época, UNICEF publica un estudio que da cuenta de 1,859,042 niños-as callejeros-as. Situación ésta que hundía a estos niños en procesos de corrupción en el ámbito privado, sobretodo en el comercio sexual con turistas. Paralelamente, el gasto en educación se fue reduciendo desde un 2.4% del PIB en 1979 a un 1.4% promedio en los años 1990-1994.

Pareciendo vivir una película que se repite año tras año, gobierno tras gobierno, las políticas económicas se centraron en reducción del déficit fiscal, restricción monetaria y eliminación o focalización de los subsidios.

Una nueva intervención del Fondo en el 1994 impulso otra vez ajustes estructurales para controlar los indicadores macroeconómicos. Las medidas surtieron los efectos esperados a nivel de los indicadores macro, pero no contuvieron la expansión de la pobreza. Otra vez la expansión del gasto público se centraba en construcciones suntuosas y en corrupción. Más barrios marginales se crean y siguen en crisis los indicadores sociales.

A pesar de que se recuperó mínimamente la inversión en educación, no fue suficiente la inversión. Y los indicadores de salud continuaban cobrando su cuota sobre todo en la niñez. La bonanza hartamente cacareada de los 90, no se reflejó en la reducción de la pobreza. Otra vez la promesa incumplida.

El producto interno crece y con él crece la deuda y crece la pobreza. ¿Cómo nos explicamos ese fenómeno ? ¿A dónde fue a parar el crecimiento ? ¿A dónde fue a parar la deuda ?

Salimos del gobierno de Joaquín Balaguer, entramos al primer gobierno del PLD. Nos sorprende un caso de corrupción paradigmático conocido como el caso PEME, que dilapida un monto de alrededor de RD$1,500 millones. Dinero malversado, utilizado para clientela. Destinado para contener la sociedad civil, “pagar para no matar”.

Un monto similar, el de la inversión en vivienda durante los años comprendidos entre 1963 y 1998 ascendió a 1,488,116,344. Eso contrasta con el persistente estado de las condiciones de la vivienda que continúan. Lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿en manos de quién están esas viviendas ?. La corrupción interviene de nuevo y se lleva el techo de los-as excluidos manteniéndolos en situación de vulnerabilidad y poniendo en manos de políticos y amigos lo que corresponde a los pobres.

Pero sigue caminando la historia y llegamos al gobierno de Hipólito Mejía. Se crea el Gabinete Social y con él renacen las esperanzas de reducción de pobreza.

En el gobierno de Hipólito, además del escandaloso plan Renove, que otorgó favores a empresarios del transporte, repitiendo modelos de corrupción, sufrimos y padecimos las consecuencias de cubrir el desfalco de tres bancos comerciales en el país. El fraude bancario atribuido a Báez Figueroa y otros colaboradores de Baninter tiene un monto superior a los 2,000 millones de dólares.

El Banco Central tomó la decisión de cubrir el desfalco de Baninter, Bancredito y el Banco Mercantil. Acción esta que costó aproximadamente un millón de personas pobres. Esto aparte del deterioró en la vida de aquellos que ya venían padeciendo esa pobreza estructural desde hace años.

Los momentos actuales no parecen diferenciarse de lo pasado. Continúa el mal uso de los recursos para campañas proselitistas, desnaturalizando la esencia del gasto social y convirtiéndolo nueva vez en objeto para conseguir votos.

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