Yo soy, si tú no eres

Franz Hinkelammert un europeo latinoamericano por opción, ha venido desarrollando desde hace muchos años la idea de Yo soy, si tú eres. Me parece que esta afirmación tiene un sentido especial si la analizamos desde la perspectiva de dominicanos/as de ascendencia haitiana, que desde el 2007 han sido afectados por las disposiciones de la Junta Central Electoral.

Para Hinkelammmert la racionalidad formal del sujeto, aquella que debe ser, ha de centrase en la afirmación si tú eres, yo soy. Sin embargo en ese mundo, dentro de lo racional, también impera lo contrario, vinculado al éxito deseado cambia la afirmación a si te derroto, yo soy – malos ellos-buenos nosotros, presos-esclavos ellos- libres nosotros. La negación de las copias de actas de nacimiento a dominicanos/as de ascendencia haitiana, se da a mí entender, dentro de esta última dinámica, que cambia de una dicotomía cooperativa con lógica constructiva a una dicotomía inversa de lógica destructiva.

Más allá que el cumplimiento o no de una legislación, esta acción lesiona la persona, su posibilidad de actuar en lo social, lo político, en un ejercicio libre de su ciudadanía. Si te derroto, parafraseando a Hinkelammert, yo hago sentir mi poder, pongo de manifiesto que no me interesa que ni tú ni tus padres estén en el territorio, que no nos importa lo que se haya establecido hace años, sino que mi concepción, centrada en una idea de nacionalismo añejo, es la que vale y por ello tú no tienes derecho a ser.

El peso simbólico de estas disposiciones es tan fuerte como el legal. ¿Nos podemos acercar a sentir lo que una persona después de 20-30 años siente, si le dicen… “no le podemos dar una copia de su acta de nacimiento porque sus padres son haitianos“? ¿Se puede comprender que después de tantos años creyendo que eras dominicano/a ahora no lo eres más? ¿Qué validez tiene la vida recorrida, sus estudios, su trabajo, sus contratos, las facturas… se las estaban haciendo a una gente que legalmente no existe o que está en duda su existencia?

Las medidas del Estado dominicano con esta población, promueven de fondo una negación del sujeto, de la gente con su vida e implicaciones. “Cada uno posterga su muerte dando muerte al otro” señala Hinkelammert y justamente esto es lo que se ha estado haciendo, matando civilmente a miles de personas y poco a poco matando el sujeto, la persona que ve truncada sus esperanzadas de estudiar, trabajar, de que sus hijos/as estudien. Así mismo nos vamos matando como Estado, sin tener garantías de derechos, ni siquiera para nuestros nacionales, afectando la institucionalidad dejando que impere en la ley el discurso de un grupo atravesado por la xenofobia, no el ser humano.

Lo peor es que esta acción no es individual, ha sido asumida de manera consciente por el sistema, legitimada, institucionalizada. No importan los pronunciamientos nacionales e internacionales, sentencias y llamadas de atención para el Estado dominicano de parte de organismos que como Estado o desde la cúpula de poder ensalzamos para colocar temas de comercio mundial. A pesar de todos los pasos legales dados a favor de la población afectada, las acciones se intensifican en la derrota del sujeto. Pareciera que no importa el coste de sus acciones, aun cuando violenten derechos, se “afecte” la imagen del país, ni el incumplimiento de las leyes. Su objetivo, como Estado y desde los aliados, es aniquilar, que dejen de ser, que no sean tema. Por ello se continúa con lo ya institucionalizado y no se habla del grupo en los discursos oficiales, ni se tiene ningún tipo de pronunciamiento ante hechos específicos.

El reto de las personas afectadas por las disposiciones del Estado es reinventarse como sujeto. La tarea no es fácil y más si nos enfrentamos con un poder desbordado y con acciones delegadas a aliados que no les importa lo que implique su accionar, sino cumplir su objetivo. Un poder que convierte a la gente en objeto, en palabras de Martin Buber esta relación no está dentro de la esfera de la reciprocidad, entendiendo por tal la igualdad de estatuto del otro ante mí. Todo lo contrario, el sujeto percibe al otro como un objeto, no hay encuentro, ni puede haber reciprocidad como fundamento de la responsabilidad, en el sentido no solamente ético del término. No hay un reconocimiento del otro como “legítimo otro” en palabras de Humberto Maturana.

La acción que se puede tener como grupo puede seguir yendo más allá de lo legalmente establecido y de lo simbólico. La afirmación de lo que son dentro de su grupo y su comunidad se encaminan a esta reivindicación, que cobra mayor sentido cuando se hace de manera comunitaria. Las acciones como grupo es una forma de afirmar la vida, la lucha ha de seguirse encaminando hacia el reconocimiento como parte de esta sociedad, como ciudadanos/as de este país, como sujetos de derecho.

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