La pobreza en el discurso: una sombra que amarga todo el cielo

Esta segunda reflexión que quiere compartir Bonó con todos-as ustedes, más que rebatir las ideas presentadas por el presidente sobre el mejoramiento de la pobreza, pretende reflexionar sobre la falsedad de las premisas que hacen a su equipo llegar a la conclusión de la mejora en los indicadores.

En primer lugar para hablar de pobreza, es necesario “salirse del ejemplo” y renunciar a la idea de casarse con una línea (en vez de otra) y supeditar las políticas públicas a “subir” a la gente (aunque sea un peso más) por encima de esa línea para que automáticamente deje de ser pobre.

Si comparamos los datos que provee los cálculos de pobreza a partir de le línea del Banco Mundial (decisión que tomó el gobierno), en 2004 nos arrojaba 42.5% y en 2011 31.6%. Para esos mismos años, con la línea de CEPAL tenemos 55.6% y 44.0% respectivamente.

Esta comparación nos dice que la elección de una línea debe ser considerada como una “guía” y no como una Biblia. La medición nos aproxima a la realidad pero no la contiene por entero. Ambos casos nos arrojan por un lado 3.16 millones de personas pobres y por el otro lado 4.4: una diferencia de 1.24 millones de personas.

En segundo lugar, además de las distorsiones que se puedan derivar de la escogencia de una línea de medición, es necesario evaluar lo que implica el significado de ese indicador en la vida de la gente que (se supone) representa. No se puede dudar la veracidad de la fortaleza estadística bajo los parámetros del Banco Mundial. Pero sin duda se trata de una cuenta que mira lo mínimo que necesita una persona para no morir.

Recordemos que una línea de pobreza es un monto tope que si usted lo supera, automáticamente se convierte en no pobre. La línea de pobreza bajo la cual estamos calculando si somos o no pobres, es de aproximadamente 3,080 pesos mensuales por persona. Esto significa un ingreso diario de aproximadamente 103 pesos por persona. Dicho de otra manera, si usted recibe 104 pesos diarios entonces no es pobre.

El anuncio realizado por el presidente en el discurso en donde dice que existen 800 mil personas que ya no son pobres, simplemente implica que hoy a diferencia de hace 8 años reciben más de 103 pesos diarios. Ese es el motivo de la fiesta, esa es la razón del festejo.

Por último queremos señalar que ese regocijo de tener 800 mil nuevas personas no pobres, que el presidente le atañe al programa Solidaridad, conduce a continuar cifrando la esperanza de la gente en comer durante aproximadamente seis días arroz, aceite, habichuela y espagueti. Porque ¿Cuánto cree usted que una familia podrá comprar con 700 pesos?

Esas familias señaladas como “clientas fijas”, están siendo eternizadas en la pobreza bajo la creencia propia de que siempre serán pobres y de que es una dicha contar con alguien que se apiade de ellas. Un reflejo de la ruptura de la visión de derechos que aspira la constitución a que todos-as tengamos. Una trampa seductora y que llena a los-as ministros-as de la ilusión y satisfacción del deber cumplido. Pero que no reivindica el derecho al bienestar, sino que entierra hasta lo más profundo del tuétano de cada beneficiario su visión de objeto de asistencia.

Si mi hijo fuera presidente y me mostrara después de 8 anos un éxito en materia de reducción de pobreza centrado en clientela, lloraría. Y luego le preguntaría si es capaz de sobrevivir con 104 pesos diarios. Le regalaría un pasaje de ida hacia el rio Ozama.

Quisiéramos abrigar la esperanza en que el helicóptero vuele esta vez sobre los barrios de las familias beneficiarias de Solidaridad, pues resultará provechoso observar el estado de hacinamiento en los barrios que compromete la intimidad, que resignifica el sentido de lo privado y les hace compartir esos espacios propios y de otros, plagados de enfermedades, aunsencia de agua potable, servicios mediocres de salud y escuelas en mal estado, sin agua y sin inodoros. El helicóptero mismo será capaz de descifrar las trampas de esos programas que comprometen el sentido de ciudadanía y condena la solución a una tarjeta que otorga comida escasa, de mala calidad y orientada a la mala salud, que alcanza apenas para seis u ocho días. Vería empobrecidos-as que se le restriega en la cara su miseria al contrastarse con un metro que le surca la vida día a día con un dejo de modernidad.

La pobreza no es un juego. Es un fenómeno social que desarrolla patologías en la gente que tiene décadas sufriéndolo. Es un fenómeno cuya solución debe superar una medición y tratarla en su justa medida. La rendición de cuentas debe evaluar cuánto bienestar se produjo. Pero contar las calorías que se necesitan para no morir, no es una muestra de que estemos gobernando para un Desarrollo Social.

El ejercicio de la política trata de legislar buscando proveer de manera universal lo necesario para vivir, en un ambiente de bienestar y procurando el ejercicio de los derechos tal y como constitucionalmente nos comprometimos.

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