Estación Barrick Saona Gold

Juan Luis Corporán

Difícil sería querer establecer una conversación sostenida con cualquiera de los “post” de nuestros tiempos que contenga algún dejo de anti-imperialismo en la conversa. Aquel frente que unió a Latinoamérica en una lucha común, hoy día sería motivo para que a cualquiera de los “rememorantes” se le contemple como un dinosaurio, no por fuerte, sino por su “evidente caducidad”. Recordar este término de sesgo definido implicaría revelar entuertos vedados por mausoleos, estatuas, bustos y museos.

Sin embargo, los continuos yerros de quienes ostentan el báculo republicano nos convidan a no olvidar la historia. Hoy mismo escuché a las piedras de Habacuc, empujadas por la omisión del conservadurismo piramidal, reprocharle al país no reflexionar sobre la presencia permanente de los brotes de libertad en nuestra historia. Olvido que se manifiesta en una vida de iniquidad y constantes transgresiones a la justicia social.

Dos meses de recuerdos. Son muchos: el nacimiento del patricio, “a pesar del atentado de la Cámara Alta”; el nacimiento de Matías Mella; la muerte inmisericorde de Caamaño junto a otros brotes de libertad y de tantos que se han inmolado para que este terruño sea verdaderamente nuestro.

Si emitir la palabra anti-imperialismo para los “post” es difícil, más trillado e incómodo es el camino -en los últimos tiempos- de recurrir a la ética robusta de Juan Bosch para restregarle en las caras a los violáceos -crecidos por el deleite del poder y el jugueteo con los dineros del Estado- su distancia de la moción fundacional y del perfil del mismo escritor de “El Caribe Frontera Imperial”.

A pesar de esto, dispensando a quien espante, quiero acariciar el término de anti-imperialismo y bordear el abismo existente entre las actuaciones de los violáceos y la ética del cibaeño de Rio Verde.

De hecho es oportuno. Pues ya deben estar encendidos los aprestos para la celebración del 40 aniversario de la fundación del Partido de la Liberación Dominicana. Día en que Don Juan, el de Río Verde, pronunció unos párrafos dignos de encender los corazones de cualquier dominicano-a preocupado-a por el país, simpatizara o no con los pilares de la entonces neófita organización.

En su alocución Bosch se preocupaba en cómo terminar la tarea inconclusa de Juan Pablo Duarte, a sabiendas de que no estamos en los mismos tiempos y que la forma en que los imperios dominaban a países como el nuestro había mudado. Decía Bosch en su esperanzadora comparecencia: “Ahora hay maneras ocultas de tener un país en condición de territorio dependiente. A ese país se le deja con su nombre de república, con su bandera y su himno, con sus embajadores ante otros gobiernos y ante la OEA y las Naciones Unidas, pero se le somete a una situación de explotación económica y servidumbre política ejercida a través del control de la riqueza que produce. Los verdaderos dueños de un país son los dueños de sus tierras y sus industrias, de sus bancos y su comercio, de los aviones y los buques que llevan a su territorio y sacan de él los productos que compra y vende en el extranjero; y si los dueños de todas esas cosas son ciudadanos de otros país, el país será una colonia aunque se llame república independiente; y será colonia más rápido y más profundamente si esa llamada república independiente está gobernada por hombres que no tienen conciencia de lo que es una patria y a quienes no les importa para nada el destino de su país, como está sucediendo en la República Dominicana”.

Si este párrafo dice algo, la referencia es aún más grandilocuente: “nuestro país tuvo la fatalidad de que a un mismo tiempo se le montaron sobre el espinazo el gobierno actual y la Golf and Western…”La preocupación de Bosch, como apuntamos, era continuar la lucha del Patricio y evidentemente su hipótesis era que estábamos sumergidos en una manifiesta dependencia.

Pidamos menos, para nosotros que bosquejamos, preocupémonos por cómo actualizar estos párrafos de Bosch que retratan una porción de la historia. Sigamos solicitando, para ello, el beneplácito de los post y tal vez ahora de los violáceos… Siendo así con el permiso presunto concedido, tal vez, pudiéramos decir que “nuestro país tuvo la fatalidad de que a un mismo tiempo se le montaron sobre el espinazo la Barrick Gold, el proyecto de la Estación Naval Isla Saona y el gobierno actual”.

¡Qué tan acertada es para nosotros elaborar esta aseveración, siguiendo los pasos de Bosch! ¡Pero tan difícil es percibir esta realidad cuando se está inmerso en las mismas entrañas del monstruo!, cuando el escarlata, el violáceo o la coalición total de colores coinciden con las garras del águila imperial. Nos imaginamos que eso mismo le sucedía, en la época fundacional, a los escarlatas balagueristas.

Es cierto Juan Bosch, “para combatir [estas nuevas manifestaciones de dominación] se necesita conciencia política desarrollada y además los conocimientos que se requieren para comprender la conexión que hay entre política y economía en el fondo de un proceso de dominación del país”. Pero también se requiere alejarse de las entrañas del monstruo, apearse la ropa de pluscuamperfectos, recuperar nuestra historia y poder admitir que también los otros pudieran tener la razón.

Si no es así, seguirán catalogando de blasfemias las voces que nos convocan a asumir nuestras discapacidades y a articularnos para impedir que sigan surcando nuestros territorios para expoliar nuestras riquezas o para bloquear que ocupen nuestros espacios con la excusas de resguardar la llamada “gobernabilidad”. Seguiremos divididos ante el asecho imperial y vedando la historia real con una historia oficial adornada de mausoleos, estatuas, bustos y museos.

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Un comentario sobre “Estación Barrick Saona Gold

  1. Estoy completamente de acuerdo con el análisis. El PLD ha traicionado sus propias esencias como partido de liberacion nacional, ha traicionado a Bosch y ha traicionado al pueblo. De hecho forma parte del trio infernal que además componen el PRD y el PRSC.

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