Pedir, pedir sobre un lienzo en blanco

Levantarse, despertar, literalmente de ese único espacio que permite realmente soñar durante 8, 5, 6, 4, que se yo, las horas que sean posible, que tal vez exista una felicidad sin mellas, sin carencias, sin el dolor de sufrir hasta por abrir la boca y tragar aire.
Levantarse, ya es una aventura. Es mejor seguir dormidos. Seguir con el estómago en silencio pues se la pasa todo el día interrumpiendo al cerebro.
Levantarse es ya un reto. Es mejor permanecer inerte, como si la muerte te besara. Preferible a escuchar gritos, inconformidades, cobradores, los no del fia’o.
Levantarse es hasta una osadía. Es mejor ignorar la llave sin gotas. Es mejor seguir el día sin tener que cocinar sin comida, leer sin letras, caminar sin caminos.
Levantarse es un desafío. Es mejor el silencio que enfrentarte a las ganas de gritar la injusticia. Es mejor evitar el palo, el cállate.
Pero hay que levantarse. Levantarse para oír, para gritar, para aspirar a comer, para intentar, a pesar de todo, ir a ese lugar que debería ser una escuela, a eso que aparentemente es un trabajo.
Hay que levantarse porque si no, te acusan de vaga. Y sustentan entonces la hipótesis de tu elección por la pobreza.
Te levantas pues aún estás intentando alcanzar esa promesa de que con tu esfuerzo, (a pesar de la casa de mier… perdón, la casa de “materiales de desecho”, de la carretera encharcada, de tu oficio de empleada doméstica, de tus seis hijos sin documentos, de tu compañero “echa días”, del hospital sin materiales, del médico que se va temprano, de la profesora que no puede ni con su propia miseria, del “play” lleno de grama, de la pelota de “lata”, del motoconcho caro, de la “lu” conectá’, de la llave oxidada, de la letrina insana, del río lleno de mier… otra vez perdón, lleno de basura, del techo que se vuela, de la lluvia que inunda, del abuso de la patrona, de tu no derecho a vacaciones, de la escuela sin libros, de los pies de los niños con el lodo como zapato, ufff…) si, solo con tu esfuerzo, podrás alcanzar el progreso.
Si te esfuerzas, si tus hijos pasan esa escuela primaria multigrado que hay en la comunidad, si consigues que vayan a la secundaria que está a 60 o 70 kilómetros de tu sección, si después logran alcanzar ir a la universidad y entonces se hacen profesionales, conseguirán un trabajo, no de doméstica, no de echa días, no de “guáchiman”, no de vendutero, un trabajo de esos con “corbata y saco” o “de mediaspanti y tacones” y con ese trabajo ya por fin no serán pobres. Nunca más. De seguro que sí.

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