Una Sociedad Civil Brindada, Un Gobierno Blindado

La discusión de la crisis económica trajo la pregunta de si nuestra economía está blindada, o no, ante la debacle de la bolsa de valores de Wall street. Poco a poco esta cuestionante se irá respondiendo sola, pese al silencio y omisión de nuestras autoridades. Lo que sí es evidente, en vista a los últimos acontecimientos sociales, es el blindaje del gobierno frente a los reclamos de la Sociedad Civil y del Movimiento Social en República Dominicana.

Tal situación se debe, a nuestro entender,  principalmente a dos factores, por un lado a la insensibilidad de las autoridades actuales, que más que dar respuestas concretas a la ciudadanía, han revestido de hermetismo y blindado de una coraza anticrítica al aparato burocrático. Y por otro lado, a la desarticulación, enagenación e incoherencias de las fuerzas sociales.

Hemos sido testigos de la aparición de nuevas protestas organizadas por líderes y organizaciaones comunitarias del territorio en diversos lugares del país, sobre todo en el norte y en el Este. Todas ellas desarticuladas y por motivos que aparentan ser específicos y locales, cuando en realidad son deficiencias nacionales.  De igual manera, estamos espectando los reclamos de gremios “clasemedieros” que solicitan reivindicaciones salariales inalcanzables para media de la ciudadanía.  Cada uno de estos reclamos, más que ser resueltos por las autoridades locales y nacionales, han sido: 1) frustrados  por la fuerza militar o 2) justificados tildando las iniciativas sociales como exageraciones o 3) tergiversados culpabilizando, de estos reclamos, a la oposición.

Son múltimples los fatores que pueden explicar este defase grandilocuente de una realidad que se agudiza y se reinventa. Pero quizás el más importante, y tal vez al que menos atención le estamos prestando, es a la extrordinaria complejidad y la naturaleza contradictoria que ha adquiero el lento pero progresivo agotamiento del neoliberalismo en América Lainta y, por ende, en el país.  Ya que las recetas neoliberales trajo bajo el brazo políticas de ajuste y estabilización, precarización laboral, altas tasas de desocupación, aumento vertiginoso de la pobreza, vulnerabilidad externa, endeudamiento desenfrenado y extranjerización de nuestras economías; mostrando su inoperancia para introducir reformas de fondo en el sistema productivo y en las formas de distribución y apropiación de las riquezas.

Tal y como planteó Antonio Gramsci, podría decirse que la lenta agonía del neoliberalismo es una de esas situaciones en las cuales lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer; y como lo recordaba el gran teórico italiano, en tales coyunturas suelen aparecer toda clase de fenómenos aberrantes. Ejemplos de tales aberraciones sobran entre nosotros: la descarada ruptura ética con su génesis histórica de ciertos partidos progresistas con el objetivo de obtener el poder a toda costa, la entrada en el juego electoral de personajes nefastos capaces de recrear las posibilidades del poder por la fuerza, los escandalosos déficits fiscal y cuasifiscal comprometedores del futuro de los ciudadanos y ciudadanas, las acciones incoherentes de instituciones fiscalizadoras, entre otras aberraciones.

De igual forma, en esta procesión de aberraciones la Sociedad Civil ha hecho su “aporte”. Sólo hay que contemplar los mal llamados sindicatos del transporte, los cuales se han convertido en empresarios capaces de verter medidas unilaterales en desmedro de la ciudadanía. No se quedan atrás los tradicionales sindicatos, los cuales no han sabido descifrar correctamente las claves de nuestro tiempo y más que atender el voluminoso “subproletariado” que incluye a un vasto conjunto de desocupados permanentes, y trabajadores cuentapropistas, se les ha contemplado pactando con los partidos políticos, empresarios y el gobierno en tribunas abiertamente proselitistas.  Del mismo modo, pareciera, que las llamadas instituciones representativas se encuentran tan desarticuladas de la base que no han sabido canalizar las aspiraciones de los ciudadanos y ciudadanas, lo que a su vez, explica, al menos en parte, el visceral rechazo de las fuerzas sociales emergentes a enfrentar seriamente la lastre legadas de las políticas neoliberales implementadas en los últimos años.

Tal envilecimiento de la Sociedad Civil y del Movimiento Social lo estamos pagando caros en el país. Pasan por nuestras narices modificaciones a la carta magna lesivas a la sociedad, violaciones de leyes, paquetes fiscales regresivos, medidas injustas e inequitativas, etc. Todas ellas sin/o con escasas inmutaciones de las fuerzas sociales.

Contribuye además, a este anonadamiento de las fuerzas sociales, el progresivo desplazamiento hacia ámbitos supuestamente más “técnicos” –y, por consiguiente, alejados de todo escrutinio popular y democrático– de un número creciente de temas que hacen al bienestar colectivo y que lejos de ser debatidos públicamente son tratados por “expertos-as” en las sombras, y al margen de cualquier tipo de control público. Este es el caso del Presupuesto Nacional, que pese a su enorme impacto social, estas cuestiones son resueltas por acuerdos sellados entre algunos empresarios, algunas transnacionales y sus representantes estatales. Toda esta operación hermética se rodea de justificaciones absurdas, tales como que “la economía es una cuestión técnica que debe manejarse con independencia de consideraciones políticas”. O, tal como plantea Atilio Borón, el disparate asumido de la “independencia del Banco Central, pues su tan mentada independencia lo es tan solo en relación a la soberanía popular, pero no con relación al capital financiero interno y externo, a los cuales sirve incondicionalmente y sin pausa.

Al parecer, tanto la burocracia instalada, como ua gran parte de la clase empresarial dominicana está convencida que las fuerzas sociales (sociedad civil y/o movimiento social) es un estorbo para las realizaciones de políticas civilizatorias, pues han embuyido el relato del neolibreralismo. Es pues por esta razón que el trabajo va a ser cuesta arriba.

Es pues necesario la construcción de un poder colectivo, popular y cívico ciudadano para aportar a las transformaciones sociales en beneficio de toda la sociedad, desde las mayorías empobrecidas. Sin una decidida voluntad de cambiar el mundo éste seguirá siendo lo mismo. Pero quien pretenda acometer esa tarea, como plantea Atilio Barón, y a partir de nuestra experiencia en temas de incidencia nacionales, deberá saber que al hacerlo se enfrentará con la tenaz y absoluta oposición de las clases y grupos sociales dominantes que no dejarán recurso por utilizar, desde la seducción y persuasión hasta la violencia más atroz, para frustrar cualquier tentativa transformadora.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s